Tango Congo. Un regreso a los orígenes


Entre trescientos cuarenta y doscientos mil años atrás, según la genética humana, existió la mujer y el hombre -Eva mitocondrial y Adán cromosómico- de los cuales descendemos los siete mil millones de personas que hoy habitamos el planeta. Este hecho, concuerdan casi todos los científicos, sucedió en el África, en lo que hoy es el territorio de Kenia, al sureste del desierto del Sahara.  
Los bantú, pueblos predominantes del África subsahariana, se desplazaron por todo ese territorio durante varios siglos, originando el proceso más relevante de la prehistoria del continente africano: la expansión bantú. En tales migraciones arrastraron, como en todo proceso humano, sus expresiones culturales. Una de ellas, tal vez la más primitiva, fue la música. Expresión telúrica de la existencia humana ante la naturaleza y el universo. En esos inicios, donde el tambor, en su definición más elemental, fue el objeto de tal expresión, podemos encontrar, sin temor a equivocarnos, la presencia ancestral de tango congo
En un instrumento de percusión, primero de forma natural y luego fabricado, fue donde primero expresó el hombre sus emociones. La voz necesitaba acompañarse de sonidos exteriores y en el proceso surgió el tambor.




Como se hace un Djembe en Africa


El tambor significa, por tanto, una de las expresiones culturales más ancestrales del ser humano. Cuando aún la melodía y la armonía, dos de los elementos que constituyen la música, ni siquiera era pensada por el hombre, ya el ritmo, el tercero de ellos, retumbaba en todo el planeta. Y lo hizo, indudablemente, a través del tambor. Pero el tambor fue el objeto. La fuerza expresiva de su sonido la infundía el hombre mismo. La copiaba de la naturaleza pero la traía en su interior. Es, en suma, la esencia que nos imbrica al universo. Al instante en que surge el sonido del tambor, aparece la necesidad de danzar con él, por él y a través de él. La música brota y genera el baile, convirtiéndose en expresiones humanas inseparables. El hombre, desde sus orígenes y en su expansión natural por el planeta, viajó con ambas. En miles de años de recorrido buscó, y encontró, las formas y maneras de expresarse mediante la música y el baile, fabricando cuanto instrumento necesitó para ello. Hacia finales del siglo XV, y durante casi cuatro siglos, millones de africanos fueron trasladados, forzosamente, al continente americano. Los hicieron viajar con las escasas ropas que cubrían su cuerpo. Pero en su memoria llevaban siglos de cultura. En sus genes transportaban el ritmo de la vida. Viajaron con su música y su danza, y con ellas los patrones rítmicos que marcaban su existencia. Ahí vino tango congo, o al menos sus orígenes telúricos. Que expresan, como en un principio fue, la fusión entre el hombre y el universo. Un largo recorrido a través de océanos, mares y ríos para depositar, en las tierras en que se ha asentado, el impulso telúrico de la vida a través de la música y el baile.




Los Papines. Cuba 





A ese recorrido, a esa imbricación, a esa fusión de culturas, es que va dedicado el proyecto TANGO CONGO






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